Que Dios Sea El Dueño De Nuestro Último Suspiro

No decidimos nacer pero sí decidimos vivir, ¿Será que tenemos la máxima potestad para decidir cuándo morir?

A pesar del progreso tecnológico, desde la revolución industrial, la eutanasia no ha sido desarrolla bajo el foco de la aprobación social, el uso de químicos inyectables o demás métodos, hoy en día están permitiendo que el ser humano decida cuando morir pero, ¿será eso correcto? De la manera como avanza el mundo, parece que la humanidad va retrocediendo en sentimientos, ética, moral e incluso hasta olvidar el verdadero significado de esta vida. La vida es el regalo divino que Dios nos dio, un regalo que no pedimos pero recibimos, por ende debemos cuidarla.

Se debería comprender que de la misma forma que no decidimos nacer, tampoco tenemos el poder de decidir cuándo morir físicamente.

En muchas ocasiones nos preguntamos: ¿por qué alguien debe soportar tanto dolor?; ¿por qué existen enfermedades que hacen sufrir, degradar el cuerpo y lastimar sus sentimientos y autoestima?; ¿por qué hay personas en cama sin poder levantarse y aún están vivas pudiendo decidir morir y no sufrir más?, quizás ellos o sus familiares lo estén deseando, y en ocasiones los médicos les dan la opción de llevar a cabo una eutanasia, pero el medico estaría olvidando su más hermoso don, curar esas enfermedades, dar esperanza y fe al enfermo tratando de reducir el sufrimiento mas no eliminar la vida. Hay que considerar que si estas personas se sometieran a la eutanasia, perderíamos una parte de nuestra humanidad, ya que el sufrimiento ajeno y su dolor son sucesos que invitan al ser humano a ser más solidario, condescendiente, fuerte y sobre todo aprender cual es el verdadero valor de la vida, a ver con otros ojos el tener vivo a un ser querido, el saber valorar al prójimo y tratar de llevar una palabra de aliento al que sufre.

Estar junto a alguien agonizando, escuchar como su voz poco a poco se desvanece, como su cuerpo antes robusto va perdiendo fuerza, como su piel se va opacando y sus ojos se van cerrando, pero por la naturaleza propia del ser humano de sobrevivir, esa persona lucha cada día por continuar en pie en esta vida. Eso es motivo suficiente para comprender que no estamos preparados para decidir cuándo morir, porque aun con nuestro último aliento sacaremos fuerzas para continuar la batalla en la vida, pero todos sabemos que el que está en la batalla tiene dos opciones: vivir o morir. Si continuamos vivos es porque aún tenemos que cumplir con un propósito en la vida, y si morimos naturalmente indicará que nuestro propósito en esta vida ha culminado. No nos adelantemos a concluir nuestro propósito en esta vida tan solo por miedo al dolor, sino más bien recordemos que no hay dolor más fuerte que supere el amor de Dios, porque “el sufrimiento de aquí abajo no tiene proporción con la gloria del cielo” (2 corintios 4 ,17):

Que Dios sea el dueño de mi último suspiro.

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